Por qué las niñas necesitan conocer a Marjane Satrapi

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Tenía 16 años cuando vi Persépolis de Marjane Satrapi por primera vez. No recuerdo bien cómo llegué a ella — esas cosas pasan cuando uno tiene miedo al futuro y rabia contra las reglas y de algún modo el universo te pone frente a la pantalla correcta.

Ahí estaba Marji: una niña iraní creciendo dentro de una revolución que no pidió, con adultos que tampoco sabían bien qué estaba pasando, con un cuerpo que empezaba a ser territorio político antes de que ella lo entendiera. Vivía en Teherán. Yo vivía en Ciudad de México. El contexto no podía ser más distinto.Y sin embargo. La rabia era la misma. El miedo al futuro ( ese vacío de no saber para qué mundo te estaban preparando) era el mismo. La sensación de que las reglas habían sido escritas antes de que nacieras y nadie te iba a preguntar si estabas de acuerdo: idéntica.

Persépolis fue la primera vez que entendí que otras mujeres, en otros países, bajo otras banderas y otros dioses, cargaban versiones del mismo peso.

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Quién fue Marjane Satrapi

Marjane Satrapi nació en 1969 en Rasht, Irán. Creció en Teherán durante la Revolución Islámica, vivió la guerra con Irak desde adentro, y a los 14 años sus padres la enviaron sola a Viena para protegerla de la represión. Estudió artes. Se fue a Francia. Y en lugar de olvidar, dibujó.


A principios de los 2000 publicó Persépolis — cuatro volúmenes de novela gráfica autobiográfica en blanco y negro que se convirtieron en uno de los documentos culturales más importantes de su generación. No porque hablara de Irán. Sino porque habló de lo que significa crecer en un mundo que no terminabas de entender y que tampoco te entendía a ti.En 2007 co-dirigió la adaptación animada junto a Vincent Paronnaud. Ganaron el Gran Premio del Jurado en Cannes. Fueron nominados al Oscar.

El 4 de junio de 2026, su familia comunicó que Marjane Satrapi murió de tristeza, poco más de un año después de perder a su esposo, el amor de su vida. Tenía 56 años. Escribió alguna vez: “No hay nada peor que decir adiós. Es un poco como morir.” Vivió exactamente lo que dibujó.

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Su obra, como mapa


Satrapi no hizo solo Persépolis. Construyó una filmografía coherente, extraña, profundamente suya:
Pollo con ciruelas (2011) — un violinista decide morir porque perdió lo que amaba. Melancolía iraní filmada con humor negro francés. Una película sobre el duelo que no tiene nombre.


The Voices (2014) — Ryan Reynolds escucha voces que le dicen que mate personas. Horror disfrazado de comedia de colores pastel. Satrapi entendía que la violencia cotidiana tiene cara amable.


Madame Curie (2019)
— eligió a otra mujer que el mundo reconoció tarde y mal. Dos veces Nobel. Ignorada por ser mujer. El patrón se repite.


Mujer, Vida, Libertad (2024) — su último libro. Coordinó a 17 artistas para documentar las protestas en Irán tras la muerte de Mahsa Amini. Murió sin ver libre a su país.

Por qué las niñas necesitamos su obra


No porque sea un ejemplo de resiliencia (esa palabra que usamos cuando no queremos hablar de injusticia). Sino porque Satrapi demostró que la rabia puede volverse forma. Que el miedo al futuro es un material creativo. Que una niña que creció dentro de una revolución puede hacer una película que llegue a otra niña en otra ciudad y decirle: yo también sentí eso. No estás sola en esto. Eso es lo que hace el arte.


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